Memorial Jesús Fdez Duro

Cuando concluyó el I Festival Aéreo de Gijón, en aquélla primer ocasión llamado “Memorial  aeronauta Jesús Fernández Duro” la Alcaldesa de Gijón, entonces Doña Paz Fernández Felgueroso, fue al encuentro de José David Vigil-Escalera Balbona y sus otros directivos del Círculo Aeronáutico Jesús Fernández Duro, para decirles que la Policía Local había calculado  una cantidad de público superior a la noche de los fuegos artificiales, considerada hasta entonces la mayor concentración de público de los espectáculos gijoneses. Se felicitaron mutuamente del éxito, los unos, los del Círculo Aeronáutico de La Felguera como promotores y la otra, la representante de la ciudad como anfitriona del evento,  y juntos trasladaron el agradecimiento al Jefe de Estado Mayor del Ejército del Aire, entonces, Francisco José García de la Vega, pues toda la organización había corrido a cargo de la institución militar como adhesión al Centenario del fallecimiento del aeronauta asturiano, de La Felguera, Jesús Fernández Duro, fallecido el 9 de Agosto de 1906, en la localidad vascofrancesa de San Juan de Luz, a la edad de 28 años, víctima de unas fiebres tifoideas, cuando se encontraba construyendo un aeroplano que hubiera sido el primero en volar en Europa. Jesús Fernández Duro fue el primer hombre en atravesar los Pirineos por el aire, en un épico recorrido desde Pau (Francia) hasta Guadix (Granada) en una noche de un invernal 22 de Febrero, a 18 grados bajo cero, solo en un globo esférico a gas.

Aquel día de conmemoración de su centenario y recuerdo de sus hazañas aerostáticas compusieron la parrilla de actuaciones sobre la playa de San Lorenzo, la patrulla Jabcob 52, un apagafuegos Canadair Cl-215 T, un F-18 del Ala 12, la patrulla paracaidista PAPEA y la Patrulla Águila.

Si Jesús Fernández Duro pudiera haber contemplado físicamente, sobre el arenal gijonés, el homenaje que se le rendía, se hubiera roto las manos aplaudiendo a todos aquellos pilotos y paracaidistas, sin olvidarse de sus equipos de apoyo, porque estos aviones, descendientes del aeroplano con el que él intentaba competir con Santos Dumont por ser el primero en volar un aeroplanos en Europa, jamás hubiera pensado que los aviones, dirigidos por sus pilotos pudieran realizar en el aire figuras y movimientos como los que reflejaban, tras sus evoluciones las estelas de sus humos. Admiraría el arrojo y valor sin límite del Par de la Patrulla Águila realizando su cruce francés o “de la muerte”  con apenas dos metros de distancia entre ambos a una velocidad de ochocientos kilómetros por hora. Si Jesús Fernández Duro hubiera levantado la cabeza durante tan brillante demostración, no se sentiría solo, cientos de miles de personas compartirían, ahora sí, la pasión, la admiración y la afición por el vuelo.

Un total de quince aviones surcaron el espacio aéreo más próximo a la ciudad de Gijón y entusiasmaron a una playa abarrotada de personal puesto en pie, porque entre otras cosas, no había espacios libres para estar sentados o echados tomando el sol. Un espectáculo, sin precedentes cercanos, con el que la ciudad de Gijón señalaba, a la ciudadanía asturiana y a los habituales veraneantes, el comienzo de las anuales fiestas patronales con el estruendo del F-18 y los sonidos pausados de unos motores de explosión en los más viejos y hermosos aviones y el rumor, que ganaba en volumen una vez ya habían pasado, los águilas del Ejército del Aire dotados con reactores. La exhibición puede decirse que cuidó la variedad de propulsión y de estética con una de las manifestaciones más elegante y clásica que haya lucido en los cielos de España durante los quince años precedentes, y que sólo lo pueden ofrecer aviones que constituyen, por sí mismos, historia de la aeronáutica, como el Yak-52, hasta las supersónicas acrobacias de esa maravilla tecnológica como es el McDonnell Douglas F-18, o el potente y señorial vuelo de la “canoa” apagafuegos Canadair CL-215 T, al que debemos por su heroico trabajo la tranquilidad del sabernos protegidos. Si Jesús Fernández Duro levantara la cabeza y viera que los aviones también se utilizan, con éxito, para apagar incendios, se sentiría orgulloso de haberse lanzado a la creación de la aeronáutica civil española. Tarea que no le resultó nada fácil.