II Festival Aéreo de Gijón

La segunda edición del Festival Aéreo de Gijón, constituyó la consolidación de la demostración aérea sobre la bahía de San Lorenzo, como uno de los más numerosos en cuanto a público y uno de los más –si no el más- bellos marcos en que las “aves de acero” muestran su versátil movilidad, su potencia impulsora y su sinfónica sonoridad –al menos para los amantes de la aviación-  amen de las distintas y todas ellas atractivas estéticas que modelan su aerodinámica determinada en los efectivos túneles de viento.

Tras el éxito de la corta parrilla pero inmensa presencia de aficionados del memorial “aeronauta Jesús Fernández Duro” celebrado el año anterior, el Jefe de Estado Mayor del Ejército del Aire, asturiano por amor a esta tierra y de orígenes en la alta Onís que se adentra en los Picos de Europa, Francisco José García de la Vega, rogado y animado por el Círculo Aeronáutico de La Felguera y por el General de división Abós Coto, natural de Laviana, puso los medios e influencias personales de sus extensas amistades internacionales para lograr traer a Gijón quizás la mas completa, variada, equilibrada y perfecta parrilla que pudiera reunirse en un festival aéreo. Una parrilla que ordenadamente, bajo el control de un director, miembro del propio Ejército del Aire, fue dando entrada a, RedBull Flying Wolf Patrol, equipo checo de cuatro Sukhoi 26 liderados por una mujer Radka Machova;  Canadair CL-215T;  el Eurofighter  “Typhoon”;  Mirage 2000 de las fuerzas aéreas francesas;  Patrulla ASPA del E.A. compuesta por cinco Eurocopter EC-120 Colibri (HE.25);  Conjunto S.A.R. con Avión CASA C-212 -Aviocar- (T.12) y  helicóptero Aerospatiale SA.330 -PUMA- (HD.19); dúo acrobático  ASAS de las fuerzas aéreas de Portugal con aviones  Dassault/Dornier Alpha Jet;  Patrulla AGUILA con siete aviones CASA C-101 y cerrando la exhibición la Patrulla Acrobática de Paracaidistas del Ejército del Aire.

Quienes presenciamos aquella edición aún no se nos ha borrado el magnífico recuerdo que nos dejó el dúo portugués, "ASAS de Portugal", con dos grandes exhibiciones, pues su ensayo ya resultó muy aplaudido por la gente que tomaba el sol al mediodía del viernes.Los RedBull Flying Wolf Patrol demostraron ser un equipo de exhibición y veteranía en festivales aéreos, amén de pilotos de “demostración” con una tabla de ejercicios preparada, por los fabricantes del avión, para mostrar la maniobrabilidad del aparato.  El apagafuegos Canadair hizo tomas y sueltas de aguas realmente espectaculares y además, permitió que las miles de cámaras que tomaban sus evoluciones le captaran en un marco exquisito rodeado de veleros. El Eurofighter del Ejército del Aire, hizo una exhibición magnífica, pero como buen anfitrión que tenía un invitado, para actuar a continuación, realizó una tabla breve que mereció el reconocimiento de los entendidos.Y el invitado que llegó a continuación, un Mirage 2000 de las fuerzas armadas francesas  se encontró en la mitad del festival con un público volcado en una exhibición que con prolongados aplausos adoptaba para siempre un evento de lujo para el verano norteño. La exhibición del Mirage, fue completa y al igual que la de los Sukhois se palpaba que sus ejercicios respondían al interés de demostración de su maniobrabilidad por parte de los fabricantes. La variedad de figuras, la perfección de su ejecución y los cambios de fuerza y velocidad decían claramente que estábamos ante un coloso de la tercera generación de caza bombarderos.Ese año la afición aeronáutica asturiana tuvo la ocasión, pro primera vez, de conocer otra de las grandes patrullas acrobáticas con las que el Ejército del Aire nos representa –y muy brillantemente- el las más importantes demostraciones aéreas del mundo occidental: la Patrulla ASPA, compuesta por cinco helicópteros biplaza de enseñanza Eurocopter Colibri Ec 120B bajo los mandos combinados, cada uno de ellos,  de dos instructores de vuelo de la Escuela de Helicópteros que el Ejército del Aire tiene en la Base Aérea de Armilla (Granada). Una exhibición ésta que causó admiración y sorpresa porque realizaron ejercicios que la inmensa mayoría del público creía que no podían hacerse con helicópteros. Los ejercicios de dos contra uno y de verticalidad extrema, en la que por una parte dos de las aeronaves, al límite de la proximidad exigida por sus aspas o rotores empujaba a volar “marcha atrás” a otro, así como la acentuada inclinación de otros, hasta posición de sus aspas casi en horizontalidad con el suelo y “cabina abajo” rompieron las manos de los espectadores en las ovaciones espontáneas que arrancaron en sus ejercicios.El equipo combinado de avión y helicóptero del Servicio Aéreo de Rescate del Ejército del Aire, realizó un ejercicio de demostración de cómo salvar a un náufrago muy completo, que hizo recapacitar al público sobre la dificultad de tales momentos y la perfección con la que los uniformados del E.A. solventan las dificultades.En la tarde de ensayos, previa al Festival, los miles de gijoneses que pasearon por “muro” de San Lorenzo o se tumbaron en sus arenales, vieron como en el cielo, durante mucho tiempo, sobre un azul intenso y cálido, permanecía un gran corazón dibujado con la estela de los aviones. Era el recuerdo del final de unos ejercicios de sincronización realmente perfectos,  ensayados por los dos aviones Dassault/Dornier Alpha Jet de la Patrulla ASAS de Portugal. Unos ejercicios de auténtico ballet aéreo, de una belleza suprema que se repetirían al día siguiente en el II Festival Aéreo de Gijón y que dejaron tal huella del buen hacer que aún hoy en día (2012) muchos espectadores de aquella segunda edición, al hablar de este evento gijonés los ponen como referencia de lo mejor visto en San Lorenzo. Este dúo es uno de los números que merecería ser repetido pasado ya un largo tiempo desde aquella actuación. Tras esta pareja, entraron en escena los siete mirlos de la Patrulla Águila, con una tabla de alta y una exhibición completa con todos los ejercicios ensayados. Uno tras otro, sin pausa fueron entrando en el área visual el conjunto de siete con su amplia variedad de formaciones; la Caja de los cuatro aviones –excluidos el líder, solo y punto- el Par de los más experimentados 6 y 7 con sus cruce francés, el Solo con su trepa hasta la pérdida, etc. un hacer perfecto, que despidieron de Este a Oeste soltando humos con los colores de la Bandera nacional. Las gorra Cajastur se agitaron a miles en el arenal para despedirlos y darles las gracias.Y tras dos horas y media de mirar al cielo, con la mirada permanentemente escudriñando el horizonte, se acercaba la hora de encontrar el motivo para volver los ojos a la tierra, y este llegó con el lanzamiento en dos oleadas desde 4.500 metros de los miembros de la Patrulla Acrobática de Paracaidistas del Ejército del Aire (PAPEA), formando estrella al saltar del avión y buscando sus individuales descensos, pasando por la torre, espejo, surf, y solemnidad. Esta la pusieron algunos  paracaidistas bajando las banderas de Cajastur, Ayuntamiento de Gijón y finalmente la Bandera de España.  Con esta tomando suelo la vista, los cientos de miles de pares de ojos, se quedaron ya en su ángulo de visión natural . . . ¡hasta el próximo Festival!