III Festival Aéreo de Gijón

III  Festival Aéreo “Ciudad de Gijón”

  • Ramón Alonso
  • Canadair CL415 de la base aérea de Mallorca
  • Patrulla ASPA (helicópteros)
  • Mirage 2000 (Fuerza Aérea Francesa)
  • Avión y Helicóptero del Servicio Aéreo de Rescate
  • C16 (Eurofighter Typhoon)
  • Patrulla Águila (C-101)
  •  PAPEA (Patrulla Acrobática Paracaidistas Ejército del Aire)


Esta fue la parrilla que los cientos de miles de espectadores que acudieron a la playa San Lorenzo de Gijón y sus alrededores pudieron ver en sus mejores ejercicios de exhibición.

El Campeón del Mundo entró como una exhalación en el espacio azulado de la Bahía de San Lorenzo, tras un retraso debido a la tardanza con que la bruma marina se esfumó y dejo los cielos limpios para ver con detalle las evoluciones aeronáuticas. Su maestría en el pilotaje de su Sukoi, “dejó con la boca abierta” en expresión esta vez más real que metafórica, pues en su ir y venir en vertical tanto ascendente hasta la “pérdida” forzada como en la descendente hacia un picado “suicida” pasando por bucles, loops, toneles, medios acompasados o completos y animados con certeras explicaciones por el brillantísimo spiker Antonio Hinojosa, hicieron calentarse, las manos aplaudiendo con fervor y las cabezas despojadas de los sombreros Cajastur por preferir sus dueños agitarlos en saludo victorioso al piloto, que dejarlos protegiéndolas del sol abrasador.

El “botijo” que nuevamente envió el Ejército del Aire, una Canadair CL-415 que ameriza lentamente en pasada que acaricia las calmadas aguas de un Cantábrico colaborador y despega igualmente de forma lenta, quizás para presumir en su dejarse ver y aplaudir por tantos fervientes entusiastas de la aviación, tras la carga de seis toneladas de agua, que producirá una soberbia ovación que supera los ruidos de sus motores, cuando suelta el agua y ha recordar a los presentes que ese simulacro, deja de serlo cuando se trata de su cotidiana labor veraniega de lucha de alto riesgo contra los incendios forestales.

Y sin solución de continuidad los cinco helicópteros de la Patrulla ASPA del Ejército del Aire, la última en formarse y que ya han logrado el reconocimiento internacional por sus brillantes y perfectos ejercicios de sincronización y por los cuales hacen demostración de las grandes posibilidades técnicas de los aparatos, Eurocopter EC 120B Colibri, pero mucho más importante proyectan la gran preparación de quiénes los pilotan, instructores de la Escuela de pilotos de Helicópteros del Ejército del Aire en la Base de Armadilla (Granada).


Las Fuerzas Aéreas francesas, estuvieron presentes en esta tercera edición gracias al interés personal del General del Aire Jefe de Estado Mayor del Ejército del Aire, García de la Vega. El avión seleccionado por Francia tenía que ser el Mirage 2000C ya muy acreditado y para el que, en tanto llega la siguiente generación con el Raphale, pretenden seguir fabricando y “vendiendo”. Y los Festivales Aéreos no solamente atraen aficionados a la aviación, sino muchas veces son presenciadas por técnicos que deciden o influyen en los países en la selección de sus máquinas para la aviación oficial.


La Patrulla Águila llegó a Gijón a culminar la primera parte de su temporada 2008 con la satisfacción de haber superado una tarea larga y esforzada  y con ganas de culminar esa primera parte de la temporada, con un cierre digno de la trayectoria de esta formación. Y es de agradecer que el locutor de la escuadra acrobática de la Academia General del Aire (AGA) manifestase a todo el personal reunido en la bahía de San Lorenzo que la Patrulla Águila está entre las mejores de Europa. Primero, porque es verdad. Y segundo, porque sólo asumiendo ese hecho, la Patrulla Águila vuela como voló en Gijón, el pasado 27 de julio. Sólo asumiendo ese hecho, el equipo de mecánicos de la formación de la AGA obra el milagro diario (que lo es) de mantener en primera línea europea a un viejo amigo como el C-101.


Ya casi dolía el cuello de tanto elevar la vista y no querer bajarla para no perderse nada de la exhibición, y para ayudar al espectado, saltaron los miembros de la Patrulla Acrobática de Paracaidismo del Ejército del Aire (PAPEA), para desde 5000 y 4000 metros en dos oleadas, perfectas en movilidad y sincronía, ir descendiendo en una caida ralentizada voluntariamente y dejando que nuestra vista descansase al suelo cuando a  la aerena de San Lorenzo llegada la Bandera de España. Una racha de viento bajo, alejó a la paracidista que la portaba un metro del espacio reservado para hacerlo y la mala fortuna hizo que la pesa que "estira" la Bandera en el aire golpease a una espectadora, afortunadamente sin consecuencia.


Tal fue el éxito de la exhibición desarrollada, que algunos bañistas decidieron quedarse en la playa a esperar el Festival del año siguiente.


¡Todo un éxito!