DESPEDIDA

DESPEDIDA

12/06/2019

El Festival Aéreo de Gijón comenzó en el año 2006 y fue un gran éxito. Al principio fue organizado por el Ejército del Aire para en los años siguientes ir dejando la organización al ayuntamiento anfitrión. Fue creciendo paulatinamente, de forma que en cada festival se veían nuevos aviones y nuevas participaciones extranjeras.

Había nacido el evento más importante y multitudinario de la ciudad de Gijón, al que tuve el honor y la responsabilidad de incorporarme en el año 2011.

A lo largo de los pasados 8 años he coordinado el Festival Aéreo de Gijón y soy responsable de aciertos y también de errores. Mis primeras gestiones, en un ya lejano mes junio de 2011, cuando me incorporé al Ayuntamiento de Gijón como Jefe de Relaciones Institucionales y Protocolo, fueron encaminadas a conseguir traer un reactor a un Festival en cuya parrilla no había ninguno. Fue el Av 8 Harrier de la Armada.

En 2012, con una experiencia muy superficial me propuse hacer un festival distinto. Un festival en sábado y al ocaso, lejos de la tradicional y siempre soleada jornada dominical, en cambio todo salió mal desde un principio. Nos enfrentamos a un festival que sufría por la tremenda crisis que asolaba España, el Ejército del Aire, por primera vez desde 2006, denegaba medios aéreos y no participó. Nos salvó la Armada, que mandó un Harrier y un Tercera. Logramos, sin el EA, una parrilla con 3 reactores (Saeta y Albatros, además del Av 8) y una participación que en general era muy interesante pese a la usencia del E.A. Ese día amaneció con el tradicional e incómodo orbayu, malísima visibilidad, y peores perspectivas. Perdimos varios aviones que diseminados por España y Europa fueron incapaces de llegar a su destino; entre ellos había un Extra 300 de Hamilton, un Bronco, una avioneta De Havilland Tiger Moth y también los aviones de la Fundación Infante de Orleans, incapaces de cruzar la Cordillera Cantábrica. Finalmente el festival se salvó pero por muy poco, pues a los pocos minutos de que la Pioneer Team diera el broche final y unos fuegos artificiales finales iluminaran la bahía, volvía a llover. He de confesar que cada año, pese a la mala experiencia algo dentro de mi me pide intentarlo de nuevo, buscar ese ocaso otra vez.

En 2013 nos enfrentamos a una grave dinámica. Si el Ejército del Aire no participaba el Festival como tal no tendría sentido, habría que cancelarlo y una cancelación así comprometía seriamente su futuro, pues retomarlo una vez parado es una tarea muy comprometedora. El evento era realmente difícil de justificar sin la participación del E.A, así que viajé a Madrid en compañía de un buen amigo, Cholo Vigil Escalera, Fundador del Círculo Aeronáutico y también del Festival Aéreo, donde nos entrevistamos con el General Simón, Jefe de Gabinete del JEMA quien comprometió la participación de la Patrulla ASPA; nos dio alas, aunque rotativas y volvíamos al aire. Ese año se sumó a la parrilla un espectacular F-16 procedente de Países Bajos, gracias a la gestión de Pablo González de ACAE, junto a aviones clásicos de la Fundación Infante de Orleans, entre otros grandes números. Comenzaba la etapa de los warbirds.

Llegó el año 2014. Seguíamos creciendo. Lográbamos traer el Bronco, un Sh-60 de la Armada, continuaba la FIO, el Harrier... Grandes novedades en general. Nuestras relaciones con el Ejército de Aire iban viento en cola y tras 4 años de ausencia volvía la patrulla más querida "La Patrulla Águila". Pero eso no era todo, el avión más impresionante de cuantos participaron en el festival hacía su estreno, el P-51 Mustang volaba sobre Gijón. La imagen era asombrosa. Recuerdo estar trabajando en mi oficina del Ayuntamiento el mediodía del sábado previo al evento y recibir el aviso de salida del Mustang que despegaba de LEAS. Salí a la barandilla de la playa y lo oí llegar y evolucionar sobre la bahía. Ese día muchos vimos cumplido un sueño de nuestra infancia.

2015 fue un ejercicio afortunado. El Festival estaba muy consolidado, habíamos logrado buenos sponsors y el presupuesto era interesante. Volvía la Patrulla Águila, contábamos con un Eurofighter, con dos Harrier, y varios números de warbirds que años atrás nos parecían imposibles. El viento de cola soplaba con mayor intensidad y recorríamos más distancia con menor esfuerzo. Pero eso no era todo pues apenas dos meses antes de la celebración del Festival lográbamos lo que ningún festival había conseguido en España, traer a los MV 22 de los MARINES. Fue un evento redondo, no hubo cancelaciones, la meteo fue perfecta y la ejecución soberbia. A nivel personal fui invitado a participar como pasajero en el ensayo del vuelo del DC-3, escoltado por un P-40 y un P-51. El recuerdo de ese vuelo me acompañará siempre.

En 2016 el Festival cumplía 10 años. No solo había que hacer un buen Festival, había que hacer algo más y en ese momento decidimos editar un libro, sería un homenaje a los spotters que nos habían enviado sus crónicas y sus fotos a lo largo de los años. La colaboración de Javier Granda fue esencial y la autoría, salvo pequeños detalles, le corresponde a él. Personalmente fue uno de los festivales más difíciles pues al trabajo habitual del evento se sumó el de la edición del libro, lo recuerdo agotador.

A nivel de participación destacó, entre otros, el F-5. Una petición especial que nos concedieron desde el Gabinete del JEMA pues poca gente recordaba ese magnífico avión y no era nada habitual verlo en demostraciones ni tenía un equipo acostumbrado a ello. El Ejército de Tierra asistía por fin con un Tigre; llevábamos años tras él sin éxito, en cambio la Armada, por primera vez desde 2011, causaba baja. Si bien la gran estrella era el gigantesco A-400 M propiedad de Airbus y logrado en una gestión que se antojó imposible sin la implicación del entonces Oficom, Julio Serrano. El enorme pájaro pasó de estrella a estrellado cuando la agencia de Seguridad Aérea denegó el permiso de vuelo a 48 horas del evento; a nivel para mi representó uno de los mayores disgustos y enfados de esta etapa. Pero no fue el único problema, pues en el apartado de denegaciones de vuelo no estaba solo y le acompañaba la precisa Boeing Stearman con la wingwalker, que ya había llegado a Asturias y pasó todo el fin de semana en el aeródromo de La Morgal, tristemente estacionada y castigada sin poder volar. Fue un festival muy difícil para mi.

El año 2017 se planteaba interesante porque volvía la Patrulla Águila y sobre todo porque el Ejército Suizo, por primera vez, nos había concedido una estupenda doble participación, formada por la patrulla Pc-7 -con nada menos que 9 aviones- y el helicóptero Superpuma. Pero eso no era todo, asistía un F-16 holandés, un F-18, debutaba el A-1 Skyrider, y el E.A nos había confirmado el envío del gigante A-400M. El evento alzaba de nuevo el vuelo con enormes expectativas pese a que la Armada volvía a causar baja. Consideré que la parrilla era de primerísimo nivel aunque a escasas 48 horas del festival tuvimos que enfrentarnos a las temidas bajas de última hora. El A-1 no llegó debido a condiciones de meteo insuficientes y el A-400 se quedaba en tierra por algún tipo de avería. El festival salió aceptablemente bien pero volví a quedarme con un sabor agridulce.

El pasado festival, el del 2018, era el de la mala suerte. En un avión no encontraréis la fila "13" y en Gijón no iba a celebrarse el decimotercer festival, lo denominamos 12+1. Parece una nimiedad pero el mundo aeronáutico es muy supersticioso y muchos pilotos me agradecieron ese detalle y me confesaron en petit comité que preferían asistir a un evento sin ese fatídico número. Tocaba la Patrulla ASPA, en ocasiones menospreciada pero siempre espectacular, pensemos las maniobras que desarrollan en aeronaves tan complejas de pilotar como los helicópteros. Volvía el F-18, también el Mustang-uno de mis favoritos, no puedo ocultarlo-, el Canadeir apagafuegos (hacía muchos años que no se veía un amerizaje en la bahía), se estrenaba el A-1, la Patrulla Blue Circe y sobre todo la Aerosparx.

Todos los festivales tienen algo especial, un momento distinto y que los hace únicos. Para mi uno de los más especiales fue la demostración nocturna de los británicos sobre sus motoveleros Grob 109. Recién terminado el acto de bienvenida a los pilotos participantes me desplacé a la playa para verlo y quede realmente impresionado. El festival había subido otro escalón. Al día siguiente la jornada se desarrolló de forma perfecta.

En el debe del festival aéreo de Gijón aún hay muchas cosas por hacer, cosas que me propuse y no logré. Fui incapaz de juntar a los 3 ejércitos españoles en un mismo festival y tampoco logré traer un avión de línea pese a haberlo intentado con varias compañías en interminables gestiones que no desembocaron en nada. De igual forma se me resistió el A-400M y no hallé en Europa un Spitfire dispuesto a visitarnos.

He de decir que no he recorrido este camino solo. Me han acompañado muchas personas con las que a lo largo de los años he fraguado una cercana relación hasta el punto de convertirnos en estrechos colaboradores.

Juan Carlos Álvarez, Segundo de la Comandancia de Gijón entre 2011 y 2016 fue un pilar básico en el trato con la Armada y un maestro a la hora de enseñarme como tratar con militares. Gracias a sus contactos pudimos llegar a ver los Mv 22 en 2015. Hoy mi pilar básico con esta institución es el Cte. de Marina Carlos Orueta, cuyas gestiones han sido imprescindibles en la participación de la Armada para el 2019.

Pablo González, ha sido nuestro organizador técnico y solo puedo agradecerle su trabajo a lo largo de estos años.

Carlos Manso, el Director. Nos une una amistad que se ha hecho más fuerte con el paso del tiempo. Es un libro abierto, sus conocimientos en este mundo aeronáutico son incomparables.

Borja Entrialgo; Tte. del Ejército del Aire y piloto de EF. Nos ayudó altruistamente en sus vacaciones durante muchos veranos. A él mi gratitud.

Julio Serrano y José Manuel Bellido, Tte. Coroneles y responsables de la oficina de comunicación quienes siempre se implicaron de forma excepcional.

Cholo Vigil-Escalera, quien fuel el ideólogo, el culpable de todo y a quien me une una estrecha amistad desde hace 8 años.

Espero y deseo que el Festival siga siendo lo que fue y que logre evolucionar y mejorar año tras año. Mi etapa al frente de este evento ha llegado a su fin y me despido de todos los cientos de miles de aficionados que nos han acompañado, nos han escrito, nos han felicitado unas veces y nos han criticado otras. A todos ellos mi gratitud.

 

 

Luis Rojo Medina.

Jefe de Protocolo y Relaciones Institucionales del Ayuntamiento de Gijón 2011-2019