XXX Regata de globos de Gijón

Fotos: Luís José Vigil-Escalera

Esos imprescindibles, aficionados asturiano, de la aerostación española Juan Cobos y Carlos Meana, superando "imposibles" han logrado organizar y poner en marcha la XXX Regata de Globos de Gijón, con un importante número de pilotos y aerostatos. Al igual que el Festival Aéreo, la Regata de Globos ha sido patrocinada conjuntamente por el Ayuntamiento de Gijón y la entidad financiera Cajastur.

Hablar de Cobos y Meana, o viceversa, en el mundo de los aerosteros, es como mencionar la almendra y el azucar en las labores de los pasteleros. En 2006 y en memoria de su pionero y también asturiano, de La Felguera, Jesús Fernández Duro, organizaron una gran Regata de Globos con ocasión del centenario del fallecimiento de que con su globo Cierzo realizó una de las hazañas aún no superadas con globos de gas, la primera travesía aérea de los Pirineos, de norte a sur, desde Francia a España,  de Pau a Guadix en plena tempestad de agua y nieve, en una gélida noche de enero de 1906. En la finca familiar de este pionero se reunieron los regatistas en condumio de amistad y se fotografiaron todos con el extraordinario trofeo conquitado por Duro en aquella ocasión de vencer a los hasta entonces infranqueables Pirineos.

Estos días, finales de semana en Gijón, una vez que en los anteriores fueran máquinas más pesadas que el aire las que surcaran los cielos pllayos, corresponde a esos coloridos artilugios mas ligeros que el aire, navegar bajo las nubes para delicia de quienes presencias su silencioso paso y placer inmmenso de quienes miran desde arriba, en ventana abierta a los cuatro costados, los contaminados caminos que el hombre utiliza en la tierra. El silencio de su suave flotar, solamente roto por los quemadores que calientan el aire, para que dentro de él expandan el globo y por la ley de Arquímedes se mantenga por encima del humano mundo, ha de maravillarnos y llenarnos de envidia hacia aquellos que logran viajar a bordo de las frágiles barquillas de mimbre. Afortunados los fotógrafos que pueden disparar sus cámaras desde tan privilegiada atalaya.

Disfrutemos todos, unos viéndolo y otros pilotando o viajando, de este espectáculo alegre y colorido. Que el rey Sol les ilumine sin darles mucho calor y que las nubes se mantengan altas, muy altas o lejana. Y que el espectáculo se repita con mayor frecuencia que la de los últimos años.
 

 

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