Pudieran tener razón, algunos de los aficionados que nos han enviados sus emails al respecto que la exhibición aérea de este 2011, contó con menor presencia de público que en el año anterior, pero creemos que hubo factores absolutamente ajenos a los organizadores para que la atracción hacia la bahía de San Lorenzo, desde otras partes de Asturias se retrajera. Y el principal factor no fue, a nuestro juicio, la ausencia de varias unidades del Ejército del Aire, sino lo inestable del tiempo que incluso en el mismo día de la demostración aeronáutica amaneció y se adentro en la mañana con la amenaza de nubosidad permanente y los aficionados saben, y la mayoría del público empieza a saber, que con nubes bajas la tabla de ejercicios que se ven obligados a realizar los aviones es “plana”, que son necesario “techos altos” para que los aviones puedan trepar y ser vistos, y para que los aficionados puedan ver la circunferencia completa de los loopings, o para ver salir a los paracaidistas del avión uniéndose en estrella.
Las nubes bajas son un gran enemigo de los Festivales aéreos. Y eso fue lo que intuyeron millares de personas que, por ejemplo en la cuencas mineras, desde donde otros años acuden en masa se encontraron durante las primeras horas de la mañana, cuando tenían que tomar la decisión de coger el coche, el tren o el autobús para acudir a Gijón, tenían encima nubes bajas, densas y bastante amenazantes de lluvia. Y quienes llamaron a Gijón, a aquellas primeras horas, para saber cómo estaba el tiempo por la villa de Jovellanos, la información que se les podía dar era que “de momento nublado aunque se espera haya despejado para la hora del Festival”. Quienes se acogieron a la última parte de la respuesta pudieron presenciar una exhibición corta pero llena de atractivo, ya que los pilotos participantes dieron su máximo esfuerzo para agradar a quienes consideraron que merecerían la pena.

Por lo que respecta a la propia exhibición, creemos que la presencia del helicóptero de Bomberos de Asturias, está más que justificada, porque es necesario que los ciudadanos de esta Región conozcan los medios aéreos y la capacidad de sus hombres para manejarlos y para tener ocasión de darles el aplauso de nuestro afecto. Quizás lanzarles la idea de que pudiera ser interesante que diseñaran y entrenaran algunos ejercicios diferentes, expresamente ejecutados en estas acumulaciones de espectadores.
Lo mismo sucede con el avión del Servicio Aéreo de Rescate del Ejércitos del Aire, que realiza unas demostraciones perfectas, pero algo aburridas por repetidas. Únicamente: que los ciudadanos podemos comprobar la alta capacitación de nuestras Fuerzas Armadas. Tres cuartos de lo mismo para el Canadair 425 “apagafuegos”.

En cuanto a los debutantes en Gijón, Luca Salvadori y Diana Gomes, ejecutaron sus números con pericia y precisión, arriesgando en algunas figuras. Estuvieron a gran altura (nunca mejor dicho) ambos pilotos, con un grado de mayor dificultad para la piloto portuguesa ya que su avión es un biplano. Nos parecieron cortas estas dos actuaciones.

(La piloto portuguera Diana Gomes Da Silva con su biplano)

Ramón Alonso, con su Sukoi 31, es un lujo en cualquier demostración aérea, pero debería “dejar algo para los demás” por aquello de que hay que animar a los debutantes y cuando los pilotos civiles, e individuales acrobáticos, incluso los buenos, ven una exhibición de Ramón Alonso, se les caen los palos del sombrajo al suelo. Tal es la diferencia entre R.Alonso y el resto. Los dos pilotos extranjeros, estuvieron muy bien, pero . . . Salió Alonso y les aguó la fiesta.
Pero como esta VI edición del Festival Aéreo “Ciudad de Gijón”, alguien la echó el mal de ojo, para completar la desdicha de disponer de una “parrilla de corta dirección” tuvo que suceder que al aterrizar el día anterior en La Morgal, al regreso de sus ensayos, uno de los aviones Extra 300S de la Patrulla (dúo) L’Voltige, francesa y de las FF.AA., fue impactado por una atolondrada gaviota que puso en cuarentena las acrobacias de este prestigioso grupo de exhibiciones aéreas. El daño producido por el citado pájaro no autorizaba la acrobacia aérea sin que antes la casa fabricante le hiciera un chequeo de todas las funciones y le autorizase el vuelo. Por ello hizo varias pasadas planas y solamente el otro avión se estiró hacia el cielo, bajó, creó y ejecutó en solitario algunos números acrobáticos.
La Patrulla de Helicópteros ASPA del Ejército del Aire realizo muy brillantes ejercicios quedando ratificado su dominio sobre máquinas tan difíciles de dominar.

Foto J.Pascual
El Harrier II Plus era el más esperado pues suponía una novedad, un nuevo registro sobre otros años en que esta clase de aviones estuvo representada por el F-18 y el Eurofighter. Sus evoluciones fueron propias de una demostración comercial, es decir para demostrar las posibilidades de la aeronave, lo que llenó de satisfación a los aficionados. Impresionó sobre todos su parada, giro sobre sí mismo y rearranque, pero da la impresión, por los comentarios escuchados sobre la arena que gusta más la agilidad, rapidez y ruido del F-18 que el del Harrier. Para colmo si los simuladores de vuelo del Círculo Aeronáutico de La Felguera ya están popularizando el pilotaje del F-18, no es de extrañar que todos lo hayan echado de menos.
Cerró la exhibición la PAPEA cuyos diez paracaidistas fueron lanzados en dos oleadas, desde 8.000 pies, en la primera alternándose la posición liebre entre los paracaidistas, durante una bajada que parecía pausada. En la segunda oleada, la cosa ya fue de emoción y admiración total. Dos paracaidistas enganchados por los “pies” se balanceaban en la figura espejo y además se volteaban haciendo un círculo completo además de bajar con el parapente de perfil que los precipitó hacia el suelo y haciendo la suelta a 200 metros para llegar exactos al lugar previsto.

Foto J. Pascual
Los últimos paracaidistas, tres, bajaron desde el inicio haciendo torre vertical, uno sobre otro, y el de abajo portando la Bandera de España, de 54 metros cuadrados, que dificulta extraordinariamente la bajada. Y no se soltaron hasta doce metros antes del impacto en la arena y no porque fuera el momento que ellos deseaban, sino porque una ráfaga racheada de viento les forzó hacerlo para evitar fueran llevados contra el público.
En fin, un VI Festival Aéreo “Ciudad de Gijón”, corto de parrilla por caerse de ella alguno de los participantes previstos, con actuaciones de mucho mérito, que fue del agrado del público presente en la bahía de San Lorenzo, y que la Alcaldesa Doña Carmen Moriyón y su equipo de Gobierno considera hay que conservar como uno de los principales eventos del verano gijonés, y mejorar con las ideas y sugerencias que los expertos y aficionados de la Región aporten y puedan implantarse. A esta intención de la Sra. Alcaldesa ya contestaron El Círculo Aeronáutico Jesús Fernández Duro, de La Felguera, y el club de Aeromodelismo asturiano El Ferre, manifestándole que están dispuestos a seguir colaborando y aportando ideas.
Y este compromiso de la señora Alcaldesa, ha tenido una demostración palpable; cuando a consecuencia de no contar con la presencia de la Patrulla Águila y de los caza bombarderos F-18 y Eurofighter, los responsable de los Festivales Aéreos de Málaga y de Valencia, decidieron suspender las exhibiciones de este año, El AYUNTAMIENTO DE GIJÓN, con el apoyo de CAJASTUR, decidieron afrontar posibles críticas a la parrilla llevando a cabo esta sexta edición del Festival Aéreo 'Ciudad de Gijón'. Solamente por esto, los patrocinadores y organizadores merecen nuestro aplauso.
Colas en Cajastur: en estas dos fotografías se puede observar el éxito que la primera entidad financiera asturiana tiene con su obsequio generalizado, con ocasión de los Festivales Aéreos de Gijón, de un sombrero para ayudar a los espectadores a protegerse del sol que 'ataca' por la espalda. Incalculables colas que paciente pero voluntariamente aguardan quienes quieren ser premiados con uno de los 25.000 sobreros que se repartieron en esta VI edición.
